El reflejo de mi pareja... ¿soy yo?


Si este tema te llamó la atención, casi puedo estar seguro que no fue por accidente.

Con esto me refiero a que probablemente estés pasando por uno de esos momentos, cuando te preguntas profundamente si vale la pena continuar en la relación o lo mejor, es decir: ¡Hasta aquí!

Walter Riso dice algo como esto al respecto: “No puedo amar a quien no me quiere. No tiene sentido entregarme a alguien que no quiere estar conmigo. Si no me aman, no me respetan o me subestiman, no me merecen como pareja”. A simple vista una frase así nos puede dar luz y casi casi darnos la pauta para tomar una decisión.

Aunque la frase tiene mucho sentido y clarifica en gran medida, no podemos ir por la vida tomando decisiones importantes sin evaluar a fondo algo que puede cambiar nuestras vidas.

Antes de decidir, primero debes poner sobre la balanza todo lo bueno y lo malo que ha habido en tu relación para poder ser más objetivo. Karen Berg sugiere estas preguntas: ¿sentiría un vacío en mi vida si mi pareja no estuviera más conmigo?, ¿puedo transformar o ayudar a transformar ese rasgo desafiante de nuestra relación?, ¿puedo ayudar a mi pareja a crecer?, ¿puedo utilizar mi aprendizaje de vida para llevar ésta relación y a mi pareja a un lugar mejor? Berg dice que si la respuesta a todas estas preguntas es afirmativa… entonces vale la pena luchar por la relación.

Lidiar con nuestros fantasmas (miedos, angustias y conflictos internos), es de por sí una tarea ardua y un gran reto. Pero cuando estos se combinan con los de nuestra pareja, la tarea parece ¡Misión imposible!, Carl Gustav Jung decía “el encuentro de dos personalidades es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay cualquier reacción, ambas se transformarán”.

Hace poco participé en un programa de televisión, en el cual me llamaron soñador por afirmar y apostar a que, si se trabaja duro en la relación, se pueden sortear con éxito las diferencias sociales, culturales, religiosas o de cualquier tipo… esto es muy posible. Lamentablemente hoy día estamos viviendo una crisis muy fuerte respecto al tema de la pareja, la mayoría se une en relaciones desechables, o en donde a la menor frustración terminan tronando.

En un estudio se encontró al 80% de su muestra, refiriendo que su matrimonio naufragó porque su pareja se fue distanciando. En otro estudio se encontró que los segundos matrimonios tienen un 10% más de probabilidad de llegar al divorcio. Estos datos nos dicen que muchas parejas dejan de soñar y de ilusionarse por esos miedos y conflictos internos, los cuales no se han atrevido a enfrentar y resolver. Entonces te pregunto a ti, lector de este artículo: ¿permitirás a las estadísticas determinar tu vida sentimental? ¿Quieres convertirte en uno más del montón?

Las estadísticas nos indican también el nivel de madurez emocional y probablemente la falta de compromiso. ¿Puede pesar el ego más que el amor y el cariño hacia la persona que está a nuestro lado?

Cuando nuestra pareja nos ofende o nos lastima, el ego de alguna manera, entra en una especie de diálogo interno con ideas como: te hirió y por lo tanto ¡merece tu desprecio!; si le perdonas ¡te volverá a hacer lo mismo!; ¡eres débil si perdonas!... partiendo de ese diálogo, podemos llegar a pensar que hacemos bien si castigamos a quien nos lastimó. Casi, casi… nos convence de que es más seguro actuar así, en lugar de anteponer el amor y el cariño por nuestra pareja. ¡Justo ahí está el error! Porque la voz del ego proviene de nuestros miedos internos, de esos fantasmas que impiden fluir de otra manera, la cual podría ser más sana.

Ser congruentes entre lo que pensamos, decimos y hacemos es un gran reto. No somos perfectos y reconocerlo, tanto en nosotros mismos como en nuestra pareja, nos permite crecer. Todos somos humanos. Todos cometemos errores. Todos podemos ser hirientes, egoístas, crueles e irreflexivos.

En lo personal te puedo decir: sé lo que significa luchar con el ego, luchar con los miedos y batallar en una relación de pareja. Conozco, a través de experiencias personales y de lo vivido día a día en la práctica clínica, la profunda e íntima decepción de querer ser maduro y caer en conductas infantiles o poco asertivas; de querer ser amable o educado y seguir actuando groseramente; de querer ser inteligente y seguir actuando impulsivamente…

Siempre hay algo por curar en nosotros mismos. Todos tenemos heridas internas. Estas heridas nos impiden experimentarnos y entregarnos de manera genuina y transparente. Hay muchas cosas de las cuales es sencillo hablar, pero practicarlas es lo complicado porque implican tocar nuestro lado oscuro y vulnerable. Lo paradójico del asunto es que, si lo miramos, lo palpamos y lo trabajamos, el beneficio va a ser más grande contraponiéndose al hecho de seguir aferrados a ideas o creencias que sólo nos dejan con emociones tóxicas.

Como conclusión te puedo decir: a veces nos quejamos de la pareja con quien estamos. Creemos a la vida injusta… pero si vemos en nuestra pareja a un espejo de nuestro “YO”, podremos observar mucho de esas áreas negadas por nosotros mismos. Es ahí donde nuestra pareja se puede convertir en esa figura que nos lleve a crecer y a sanar nuestras heridas. Evidentemente lo ideal es que ambas partes sean asertivas al momento de reflejar las áreas de oportunidad del otro.

“La Prueba Reina de una relación, es poder estar en desacuerdo y, aun así, permanecer tomados de la mano”. Alexandra Penney

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