Había una vez... el amor perfecto


Pensar en el amor perfecto es una invitación a entrar al mundo de la fantasía.

A ese espacio infantil del tiempo fundante donde podemos recordar, como por primera vez cuando éramos muy chiquitos. Los cuentos de hadas inundaron nuestras expectativas acerca de lo que podíamos esperar del amor romántico. Era muy agradable que nuestros padres o bien la televisión de ese momento entre los años cincuenta y los años sesentas nos llevaran a la posibilidad de imaginarnos como parte de un cueto de hadas.

Había una vez…es la forma como parecía que íbamos a crecer todos, creyendo un poco en la magia imposible atreviéndonos a buscar una pareja amorosa heterosexual que fuera perfecta. Que cumpliera con sus promesas sexuales, financieras, mangánicas, incluyendo hasta que la muerte nos separe. Sin diferencias, sin pleitos, solo besos y más besos. Pero pocas veces nos atrevimos a cuestionar esa mitología cultural sobre la realidad del amor romántico.

¿Qué queda en nuestros días de personas adultas que sea válido sobre el amor perfecto? Nos podemos brincar al amor materno, al paterno, al amor de un abuelo por sus nietos o por su familia, o bien al amor a la patria o al amor a los animales y me parece que lo perfecto tendría que incluir que el amor perfecto no es estático ni rígido, sino que el amor es una experiencia encantadora que puede ser dinámica, ambivalente y finita.

Dinámica quiere decir que tiene movimiento, que puede ser diferente de un día a otro sin ser bipolar ni extrema, que no tiene que ser igual todos los días. Ambivalente refiere al hecho de que la experiencia amorosa a veces puede generar que uno odie tantito al ser amado, un odio casi sano. Que se vale sentir enojo, fastidio, molestia sin que se necesario pelear o dejar atrás las promesas. Es importante reconocer que el amor sano incluye un poco de odio sano de ese que ayuda a perdonar al ser amado por ser diferente, diverso y a veces rebelde y sin causa. La buena comunicación, la paciencia y el gusto por la buena compañía sirven para atravesar esos malos momentos que son parte del amor perfecto.

Finito refiere a que los afectos pueden tener movimientos y que el amor como tal tiene un comienzo y puede tener en final. En tanto estemos de acuerdo en que el amor perfecto requiere de muchos cuidados, de mucha atención de parte de todos los involucrados, de ponerle sus dosis de creatividad todos los días, entonces estamos conscientes que, por ser frágil, puede ser finito. Es especial cuando en una relación amorosa los integrantes desean verse, mirarse acompañarse porque quieren, y que cada día que pasa pueden decidir verse porque quieren, no porque están obligados o porque tienen miedo a estar solos. El amor perfecto es tan humano como los humanos, y solo así puede sobrevivir. Es perfecto para aquellos que lo valoran, lo cuidan y lo entienden como algo que se rompe si no es atendido.

Es aceptar que hay gran diferencia entre los mitos del amor infantil y el amor perfecto de la edad adulta.

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