La familia modelo.



Cuando las decisiones propias rebasan las reglas estructuradas en el mundo real, donde lo bueno se recompensa y lo malo es castigado,

la tendencia se inclina hacia evitar que lo no aceptado salga a la luz pública.

Las historias clásicas de amor comienzan con una mujer romántica, idealista, en la búsqueda de su príncipe azul; quien de repente, sin mucho preguntar, se encuentra con algún galán dispuesto a cumplir con este rol. Ambos se contagian de la misma situación amorosa, se conquistan, se quieren, se aman, se vuelven compañeros y amigos y con un poquito de presión social llegan al altar.

Muchas veces hay poca comunicación sobre el pasado de ambos. Si hubo secretos que no se develaron, ya sea por timidez o por precaución, estos quedarán ocultos.

Hoy en día no se considera impropio estar divorciado y tener familia en un primer o segundo matrimonio. Las nuevas parejas aceptan gustosas el pasado amoroso de su cónyuge. Ahora ser madrastra es un honor y ser padrastro es un lujo que lo vale… pero ese no es el tema.

Las dificultades están en aquellas situaciones, donde alguno de los cónyuges decide comenzar con una relación paralela a la ya formalmente establecida; simultáneamente entrelazada, se vuelve necesario el secreto del nacimiento de bebés en la pareja clandestina.

Si bien, todos conocemos situaciones donde la amante se embaraza, pero criar a sus hijos con un amante no es una tarea fácil para ninguna de las dos mujeres ¿y puede esto mantenerse en secreto para siempre?

A veces sí, pero a veces no… y todos los protagonistas de ambas historias quedan involucrados, aún sin querer queriendo.

Es en situaciones múltiples cuando el secreto se devela: a veces ante la muerte del padre de todos, cuando en el sepelio se miran los que no sabían, pero sí sabían, o por algún susurro de pasillo que algún conocido platica “hay otra mujer con el mismo apellido” y, por tanto, se busca esa información que había quedado guardada.

La confrontación de esta realidad es siempre traumática en un inicio. Hay quienes logran aceptar, perdonar y entender, por lo cual integran a la otra familia a la propia; hay quienes, por ningún medio, logran aceptar esta realidad y deciden negar y renegar a la otra familia, devaluando y odiando el resultado de ese eje alternativo, que salió a la luz sin querer.

He tenido oportunidad de acompañar a algunas parejas a develar ese secreto ante la esposa, para trabajar el porqué, el para qué y el hacia dónde de una hija simultánea; en varias ocasiones logré acomodar la situación en beneficio de todos los hijos existentes. También he tenido situaciones donde el odio, el resentimiento y el rechazo se quedaron instalados.

Cuando la otra familia no es un fantasma, cuando es real… impone un dolor emocional que es mejor trabajar con los profesionales de la Salud Mental.


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