La infidelidad en la Historia.


El tema de la infidelidad a lo largo de la historia ha sido concebido de formas muy variables; Alejandro Dumas tuvo una concepción muy particular en la que supo explicar el porqué de la infidelidad: "Las cadenas del matrimonio son tan pesadas que hace falta dos personas para soportarlas...e incluso a veces tres". Dumas tenía debilidad por los romances con mujeres de otros hombres.

En Grecia, los hombres imponían las reglas, por ejemplo, Demóstenes hizo su propia clasificación: "a las amantes las mantenemos por puro placer, a las concubinas (esclavas) para la atención diaria de nuestra persona y a las esposas para que nos proporcionen hijos legítimos y sean nuestras amas de casa".

En Atenas Pericles, rey sin corona de la edad de oro, dejó a su esposa y riquezas por Astasia, la escritora de sus discursos. Al mudarse con su profesora y amante creyó alcanzar la llama de sus deseos, sin embargo, terminó siendo presa fácil de sus enemigos.

De acuerdo a la leyenda de Troya en el año 1300 AC, después de que París raptara a Helena, esposa de Menelao, el líder afectado recibió el apoyo de su pueblo para sitiar a Troya durante diez años. La guerra dividió a los mismos dioses y terminó con la decadencia y destrucción de aquella ciudad.

En la Antigua China, "la gran mujer de la casa manejaba todos los problemas internos y rara vez, creía conveniente hacer que el hombre interviniera. Según Osvaldo Quijada, "La mujer se preocupaba del rendimiento del hombre hasta el punto que, si el marido comenzaba a trabajar con desgano, comprendía que había llegado el momento de buscarle una nueva y más joven esposa”. Al ubicarla, le pedía a él, que fuese a solicitarla como segunda esposa o iba ella misma. Tal actitud no constituía un sacrificio. La nueva esposa o concubina, estaba obligada a trabajar bajo la autoridad absoluta de la más antigua".

En la Edad Media Europea, en los últimos años del siglo XIII se introdujo el amor cortés, código de comportamiento que definía las relaciones entre enamorados de la nobleza. Este amor defendía la base de que el matrimonio era un contrato civil, un puro trámite, fuera de él se podían tener amantes a los que se amaba realmente, esto no suponía infidelidad para el matrimonio y ésta era más fuerte incluso entre amantes que entre marido y mujer.

En las sociedades existentes antes de la conquista de México ya era conocido el delito de adulterio. Por ejemplo, Los Aztecas castigaba a los sorprendidos infraganti lapidándolos o estrangulándolos.

Las ordenanzas de Nezahualcóyotl, constituyeron un Código en el cual se establecía que, si alguna mujer le era infiel a su marido y éste la sorprendía, ella y el amante eran apedreados.

Todo lo anterior nos refleja claramente que el tema de la infidelidad es algo que, por decirlo de alguna manera, no respeta educación, religión, edad o clase social puesto que existe una parte inconsciente que aparece a manera de diablito que impulsa a millones de personas a engañar a su pareja. Aún y cuando hay estadísticas que indican por ejemplo que el 60% de las personas fueron o serán infieles me parece que ninguna se acerca a las cifras reales puesto que muchos prefieren guardar el secreto.

En conclusión, les puedo decir que pareciera ser que el ideal de muchos hombres y mujeres es tener una relación de pareja segura y estable, y otra no tan durable, pero si ¡agudamente apasionante!

*Las opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad del autor.



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