Parejas líquidas vs Parejas sólidas



Durante un extenso período de la modernidad del siglo XX, las parejas contraían matrimonio a partir de determinados valores conocidos y compartidos en la sociedad y por las parejas. El amor, tomar decisiones compartidas, estar acompañados, crear una familia con la expectativa que los hijos crezcan y se desarrollen en un ámbito de paz, cariño y armonía.

Sabemos por estudios especializados que las familias en gran medida no funcionan ni vivirán acorde al TIC TAC de un reloj suizo. Pero no obstante los matrimonios eran más duraderos, existía la tolerancia y en algunos casos, respeto y una expectativa de vivir con la pareja “hasta que la muerte los separe”. Todo ello a pesar de los vaivenes y vicisitudes sabidos por los que pasan los matrimonios en general. Tendían a ser relaciones más estables y duraderas. O temerosas del “qué dirán” frente a una potencial separación.

Hoy día, en la postmodernidad (Siglo XXI), las parejas que se reúnen, se juntan y hasta se casan, si nos preguntamos ¿por qué lo hacen? Zigmunt Bauman señala:” …las bodas no son nuevos principios que conducen a la pareja a “algo completamente diferente”, solo son breves descansos dentro de un drama sin guion”. (Amor Líquido. - Pag.43.FCE 2017) Cuando se busca una pareja las personas piensan y desean evitar los tormentos de la ambivalencia, incertidumbre, confusión y la fragilidad de los tiempos de la vida actual, que pasan de manera vertiginosa, como las modas, lo que impulsa a muchas personas jóvenes a buscar un refugio de todo lo anterior en una persona llamada pareja. Ese refugio no se encuentra con el vivir juntos o casándose. Aunque sus expresiones sean: “Deseo estar con un “el” o “ella porque pienso y siento que lo quiero-amo-deseo-“. Los miembros de esas uniones esperan encontrar soluciones individuales para problemas construidos para las parejas y la sociedad. Cada miembro de la pareja es un ser único, no obstante, se presentan situaciones donde el “ansiado amor” es un deseo de fusión, no consciente, para protegerse de la incertidumbre y ambivalencia.

La soledad más dura y fuerte se vive cuando un miembro de la pareja se siente más solo y muchas veces abandonado, debido la expectativa de protección de parte su par y ello no se da en la inmediatez. Entonces la pareja debe franquear el retardo con que llegan esa voz y mano amiga. Las parejas de la presente época, y desde hace un par de décadas tienen dos alternativas: la primera, cultivar su vínculo, haciéndolo más fuerte y robusto, basado en acciones que provienen del afecto que se prodigan a través de una comunicación adecuada. La segunda, es dejarse arrastrar por la presión del medio, desgastarse, destruirse progresivamente y llegar a la conclusión que no tienen una mejor salida que la separación, en la fantasía de encontrar muy rápidamente otra, con la esperanza que todo será mejor. Lo que no deja de ser una ilusión, como tal, irrealizable. ¿Por qué? Porque no han analizado ni comprendido a cabalidad las causas y razones de su fracaso.

No debemos perder las expectativas que se logren parejas sólidas y duraderas a pesar de las “modas” y conductas de “Parejas o matrimonios abiertos” que no siempre pueden subsistir a los embates de las parejas.

La salida a este problema la encontramos en la siguiente cita de Bauman: “Nadie dice que convertir a alguien en tu compañero de destino sea fácil, pero no hay otra alternativa que intentarlo, e intentarlo y volver a intentarlo”. (Ibídem. Pag.44)

Esta reflexión nos da la esperanza que las parejas que trabajen e inviertan en su relación, no se transformen en parejas líquidas, y puedan desarrollarse y crecer juntos. El amor, el afecto, se debe cuidar todos los días, analógicamente, las parejas son como dos rosas que si el cuidado diario se marchita muy rápidamente.

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