Pienso, luego soy.


El trabajo que este espacio virtual nos ofrece tiene como principal objetivo la prevención de los desastres dentro de la esfera familiar o a su vez, poder ayudar a los interesados en salir adelante después de tomar las decisiones pertinentes para seguir transitando por la vida, después de una separación o un divorcio conyugal.

Cada pareja se instala de forma particular con sus propias características y también se separa así, de forma específica por lo que es imposible poner las mismas reglas para todos. Cada situación requiere de atención personalizada. Los casos donde la familia no tiene hijos son muy diferentes a las familias donde la procreación hace su presencia. Los hijos pueden ser atendidos y entendidos de forma específica.

Planteo aquí, algunas ideas, que podríamos considerar ayudarían a cualquier persona que tiene que atravesar por una ruptura amorosa.

Ante un divorcio, se separa una pareja y no se disuelve una familia. Son los padres los que deciden dejar de vivir juntos, dejar de ser una pareja oficial, pero lo que se mantiene, son los lazos de parentesco, los lazos de la maternidad y la paternidad compartidos. “Se rompe una pareja, se mantiene una familia”.

La madre de los hijos seguirá siendo la misma ya sea casada o divorciada, y el padre es y será el que dio su carga biológica y su carga filial, ya sea que este casado o divorciado de la madre. Esto no se modifica.

Son estos mismos adultos, llamados padres los que van a acompañar a sus hijos durante su desarrollo, durante sus fiestas, durante sus dificultades o dolores. Por lo que es importante que se mantenga el respeto y continúe la responsabilidad frente a ellos, para que los hijos tengan la libertad de seguir queriendo tanto a su padre como a su madre, aunque los padres, ya no puedan ser ni esposos ni amigos. ¿Quién va a acompañar a su hijo el día de su graduación?, o ¿El día que requiera entrar a una cirugía? Por esto mismo, hoy en día lograr un buen divorcio es muy importante.

La otra idea que desearía comentar es que superar la ruptura implica asumir que la separación oficial de los cónyuges requiere de un tiempo de duelo interno, se diga o no se diga.

La pérdida del status marital, no solo es salirse de una relación con alguien, de un lugar donde ambos ya no están contentos ni se sienten bien, sino aceptar que las promesas de vida ya no se llevarán a cabo, que las ilusiones del matrimonio ya no son posibles y que hay que volver a empezar a buscar nuevos horizontes de bienestar personal y con los hijos que también han pasado por una ruptura dolorosa. Es un tiempo de reponer cosas perdidas, eso es algo que nos guste o no, hay que realizar. A veces lleva mucho tiempo a veces poco, pero nadie se salva de tener que pasar por duelos que bien manejados, darán nuevos caminos a pesar de las heridas. Cuando el duelo es demasiado prolongado sugeriría que se buscara ayuda terapéutica para que los resultados estén a favor de los participantes.

No es fácil, pero si es posible salir adelante y superar la ruptura, se acomodan las piezas, ¡no se olvidan ni los dolores ni los errores!

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