Un nuevo comienzo.


Hombres y mujeres de manera consciente o inconsciente, continuamente están generando mecanismos de información que les permitan ir detectando algún posible cambio en la conducta de sus parejas que pueda poner en riesgo su relación y en especial, que dañe la confianza y mutua fidelidad que se deben. Sin embargo, los resultados de estas acciones, impactan en su tranquilidad de acuerdo al grado de inseguridad que se tenga y a la propia personalidad de cada individuo.

Por ejemplo, una persona celosa o insegura tiende a esperar ser engañada o herida y mientras más temor se proyecte, más probabilidades existen de que esto se produzca. Normalmente estas personas viven siempre atemorizadas y sufren “a priori”. Sin embargo, ni estas ni otras que aparentan mayor indiferencia, tienen una idea real de lo impactante que resulta el hecho de que sus parejas les sean infieles.

El hecho de que, a lo largo de la historia, la infidelidad de las mujeres haya sido mayormente condenada se debe a la necesidad de garantizar que los hijos que el hombre procrea llevan sus genes y no los de otro. Por eso se estableció entre los matrimonios la fidelidad como principio básico en un convenio en el que el propósito fundamental es tener hijos. Por el contrario, las mujeres buscan normalmente en sus parejas, la manutención y protección de sus hijos, por ello, la llegada de una nueva mujer a la vida de su hombre representa el riesgo de perder esa seguridad.

Sin embargo, tanto hombres como mujeres esperan encontrar en sus relaciones afectivas, estabilidad y bienestar emocional y material. Pero alcanzar con facilidad todas las metas y el óptimo desarrollo individual, depende exclusivamente de lo armónico que sean sus vidas, del sentimiento de paz y de seguridad que tengan pues esto les permite enfocarse en las cosas que desean. Por ello las relaciones tortuosas basadas en la falta de comunicación o indiferencia, entorpecen el logro de los objetivos personales y de la pareja.

En cualquiera de los dos casos, enfrentar el hecho de que la pareja tenga alguna relación física o sentimental fuera del contexto que hayan acordado, acumula en la persona afectada sentimientos negativos como decepción, ira, venganza, tristeza, desamparo, incredulidad, rencor o impotencia, los cuales nublan el criterio y trastocan de un momento a otro todo su proyecto de vida, objetivos, metas, deseos, rutina y bienes. Esta situación difícilmente se puede manejar y afrontar sin afectar su entorno familiar y social. Es una guerra sin cuartel contra una avalancha de sentimientos que destruyen la estabilidad y en estas condiciones, un individuo difícilmente puede tomar decisiones con cordura, menos aún medir las consecuencias de las mismas; por ello es difícil pensar en una reconciliación o perdón. Se necesita de mucho trabajo terapéutico y compromiso por parte de ambos miembros de la relación para reconstruir y replantear sus caminos, pues si bien es posible continuar con la relación, la traición nunca se olvida.

En lo personal, consideramos que se requiere de una gran madurez para poder sobre llevar una infidelidad y lamentablemente son muy pocas las parejas que tienen esta virtud.



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